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De camino a Oriente Medio (8): Libano; Jounieh

A la vuelta de Byblos, aun nos quedaban un par de horitas de sol. Por lo que decidimos quemar el poco dinero que nos quedaba. Me preguntaba si tendriamos que volver andando los 30 KM hasta mi hotel por falta de dinero. Teniamos el dinero muy justo, tanto que dudaba que tuviesemos lo suficiente para subirnos a uno de esas furgonetas que te llevaban a un sitio por un modico precio. En Rusia, a estas furgonetas se les llama marshrutka. Aqui en Libano, se les llama “service”; mucho mas internacional si senor.

Ante tanta tension en el ambiente (y mi aparente calma en la foto -soy un camaleon para esto para no empeorar la situacion-), vi un cartel que ponia Jounieh y se me ocurrio lo que podria ser una gran idea.

Dramatizacion: “Eh, Niki (mi companera de viaje por los ultimos dos dias), no se si tenemos dinero suficiente para ir hasta Beirut, lo que si se, es que podemos llegar al menos con este dinero hasta la ciudad de Jounieh. He escuchado que alli esta el casino mas importante del Libano… podemos jugarnos todo ahi. Apostando fuerte, total, no tenemos mucho que perder. Es la diferencia entre andar 16 km o 40. Ademas hay exuberantes stripers las 24 horas del dia. Por lo que si fallamos en una cosa, al menos nos podremos contentar con las vistas… al menos yo.”.

Por supuesto desconocia la orientacion sexual de mi companera de viaje. Pero nuestra incompetencia sacando poco dinero del cajero ante un pais que pensabamos que era mas barato, o quiza la dependencia de mi companera a tomar cafeina una y otra vez en un pais donde el cafe cuesta lo mismo que en un pais nordico, hizo que acabasemos en tal desesperada situacion. Asi que decidimos tomar el riesgo; o todo o nada.

Proxima parada, el Casino de Beirut, en la ciudad dormitorio de Jounieh

 

La preciosa ciudad costera de Jounieh. Muy moderna y repleta de gente con mucho dinero. La gente cuando llega a este pais piensa que solo va a ver miseria y pobreza. Pero que tengan un pasado y presente marcado por las guerras y la inestabilidad de la zona, no es incompatible con que este sea uno de los destinos preferidos por muchos comerciantes convertidos a millonarios. En las calles se veian Maseratis, BMW de lujo, porches de alta gama y por supuesto un monton de todoterrenos que no costaban menos y que iba muy acorde al estado temperamental de esta sociedad.

Requirio de nuestra inteligencia (o quiza de una potra increible -pero mola creerselo-). Que tampoco es que tengamos el coeficiente mas alto del pais, ni siquiera de la ciudad, ni tampoco de todo el casino, pero somos unos supervivientes en el extranjero… y en condiciones extremas, nuestro ingenio se agudiza.

Ideamos una forma de pegarles un buen palo a los del casino. Era una apuesta arriesgada, pero de una sola tirada. Estuvimos observando tiempo antes como jugaba el resto de jugadores y los valores resultantes de la ruleta. Las probabilidades de ganar en la ruleta eran claras; 49 a 51. Es decir, que siempre y a la larga, perderas tu dinero, ya que solo se tiene un 49% de probabilidades de ganar, a pesar de que en un momento determinado puedas ganar algo. A la larga, te iras sin un duro, o como minimo con menos dinero. Pero no contaban con el factor espanol-americano. Los espanoles sabemos mucho de trampas y corrupcion, y los americanos (americana-brasilena en este caso) saben mucho de desestabilizar lo ajeno. Asi que que mejor combinacion que desestabilizar lo ajeno para conseguir lo nuestro, o lo de otros. Y asi fue, decidimos arriesgar a la corta, tan solo una jugada, muy agresiva y saliese lo que saliese… despues de esa jugada salir de alli. Pues parece que salio bien… nos llevamos 1000 pavos. Asi que el casino no solo nos pago el transporte a casa, sino que ademas nos pago los siguientes cafe y cena incluida, la fiesta por la noche en Beirut, y el billete de ida y vuelta en avion para dos al Libano.

Asi que se puede decir, que no solo no pudimos volver a casa, sino que ademas nos salio gratis este viaje. Tambien dicen que quien roba a un ladron tiene 100 anos de perdon. La verdad es que con el pollo que montamos en el casino, no se ni como no nos echaron a patadas. Quiza porque aqui gusta mucho que vengan turistas y que aprecien su pais. Estoy seguro que en cualquier otro casino del Mundo hubiesemos acabado comiendo asfalto, como aquella vez que comi asfalto en 2011.

Despues de esta experiencia, ya solo nos queda un lugar para visitar antes de irnos del Libano, y ese sera Baalbek. Hasta la proxima entrada.