Una crítica a la teoría monetaria de Mises

Parte I: Exposición de la teoría del dinero y de los medios fiduciarios de Ludwig von Mises

Capítulo 1: El dinero y los sustitutos monetarios

I. Qué es el dinero

Cuanto mayor sea el grado de división del trabajo y de especialización dentro de una economía, más dependientes se volverán los agentes de los intercambios indirectos. Si todos los individuos de una sociedad devienen productores especializados y consumidores generalistas, resultará crecientemente complicada que cada persona pueda recurrir exclusivamente al intercambio directo para obtener aquellos bienes que necesita.

La estrategia óptima de los productores especializados para maximizar sus probabilidades de intercambio será la de acaparar bienes muy líquidos a cambio de sus mercancías menos líquidas, esto es, la de utilizar preferentemente los bienes líquidos como medios de cambio indirecto.

Previsiblemente, pues, este proceso descentralizado de selección evolutiva de un medio de cambio indirecto terminará alumbrando un único medio común de intercambio (indirecto) al que denominaremos <<dinero>>.

El descubrimiento del dinero como medio común de intercambio indirecto, se producirá de un modo espontáneo dentro del mercado y no dentro de las instituciones estatales.

Por lo que se refiere al género, uno podría estar tentado a pesar que el dinero es un bien de producción, es decir, un bien de orden superior utilizado para producir otros bienes de orden inferior, su función dentro del sistema economico sería similar a la de las carreteras, al igual que estas contribuyen a la distribución física de las mercancías, el dinero prodría contribuir a su distribución comercial. Para Mises, empero, el dinero no puede categorizarse como un bien de producción ni, tampoco, como un bien de consumo por una razón muy sencilla: cuando aumenta la oferta de un bien de producción o de un bien de consumo, el bienestar de los seres humanos se incrementa; cuando su oferta disminuye, el bienestar se reduce. En el caso del dinero, sin embargo, una variación de su oferta no altera el bienestar de la sociedad.

El dinero no podrá ser considerado un factor productivo ni, por tanto, un bien de capital: al contrario, Mises es explícito al afirmar que el capital productivo está conformado por el conjunto de factores de producción de una sociedad pero no por el dinero.

El dinero, en suma, no será ni un bien de consumo ni un bien de producción, sino una especie dentro de un tercer género de bienes denominados <<medios de cambio>>. El <<dinero en sentido amplio>> será el medio de cambio más comunmente usado dentro de una sociedad. Todos los restantes bienes que actúen como medios de cambio, serán calificados como <<medios de cambio secundarios>>. Deberán ser intercambiados previamente por dinero antes de ser empleados en el tráfico mercantil.

El dinero en sentido amplio estará compuesto por el <<dinero en sentido estricto>> y por los sustitutos monetarios. El dinero en sentido estricto es lo que denominamos <<base monetaria>> – son los bienes empleados propiamente como medio de cambio indirecto general. Los sustitutos monetarios son derechos de cobro pagaderos en dinero en sentido estricto y que lo reemplazan en sus funciones. El dinero en sentido estricto se subdivide en dinero mercancía, dinero crédito y dinero fiat, mientras que los sustitutos monetarios lo hacen en certificados monetarios y medios fiduciarios.

El dinero mercancía es aquel dinero materializado en una mercancía. El dinero crédito es aquel dinero materializado en un derecho de cobro cuyo valor no deriva de la expectativa de ese cobro futuro, sino de su utilidad presente como medio de cambio.

II. Qué son los sustitutos monetarios

Los <<sustitutos monetarios>>, <<títulos seguros e indirectamente convertibles en dinero>> se dividen en dos tipos: los certificados monetarios y los medios fiduciarios.

Los certificados monetarios son sustitutos monetarios <<completamente garantizados con reservas de las correspondientes sumas de dinero>>. Nótese que, aun cuando estén completamente respaldados por dinero, los certificados monetarios son, para Mises, títulos de deuda (pasivos de su emisor).

La diferenciación que establece Mises entre certificado monetario y medio fiduciario hunde sus raíces en otra diferenciación, más profunda, entre dos tipos distintos de crédito: el crédito mercancía (sachkredit) y el crédito circulatorio (zirkulationskredit).

El crédito mercancía son intercambios intertemporales donde una parte acreedora adquiere el derecho a recibir bienes de otros a costa de sacrificarse a renunciar a la disposición sobre bienes presentes para que su contraparte deudora pueda disponer de esos bienes presentes a los que renuncia.

En el crédito circulatorio, por el contrario, una parte puede prestarle bienes presentes a la otra parte sin renunciar a la disposición sobre ningún bien presente. Las ventajas que obtiene la contraparte deudora no se ven compensadas por los sacrificios que experimenta la parte acreedora.

Por un lado, Mises pretende trazar una línea divisoria entre los sustitutos monetarios y el <<dinero en sentido estricto>> apuntando a que, mientras el dinero sí es un bien económico, los sustitutos monetarios son un derecho a recibir ese bien económico que es el dinero.

Pero, por otro, Mises sostiene que los sustitutos monetarios son bienes presentes en sí mismos y no derechos sobre bienes económicos, lo que justamente los diferenciaría de todas las formas de crédito donde sí se intercambian bienes presentes por bienes futuros.

Recordemos que una letra de cambio no es más que una orden de pago aceptada por el deudor que normalmente contiene un plazo de vencimiento: y si el acreedor de la letra no puede disponer inmediatamente del dinero al que tiene derecho, parece claro que la letra no constituirá un sustituto perfecto del dinero. Así pues, para Mises, quien vende su mercancía cobrando en billetes de banco a la vista (sustituto monetario perfecto) estará realizando una transacción al contado; pero quien la vende cobrando en letras de cambio a plazo estará realizando una transacción a crédito, en tanto en cuanto no podrá disponer del dinero inmediatamente y, en consecuencia, estará aplazando el momento de cobro. En sentido contrario, empero, Mises sí aceptaría considerar sustitutos monetarios a las letras de cambio a la vista emitidas por deudores solventes.

La diferencia entre los sustitutos monetarios y el dinero crédito es la siguiente: pese a que los dos son derechos de cobro que actúan como medios de intercambio, el sustituto monetario tiene exactamente el mismo valor que aquel dinero al que da derecho; por el contrario, el dinero crédito es un crédito cuyo repago no se considera totalmente seguro pero que, al emplearse como medio de cambio, se valora en función de esa utilidad como instrumento de cambio. Dicho de otro modo, el valor de un sustituto monetario es idéntico al de aquella cantidad de dinero mercancía, dinero crédito o dinero fiat a la que da derecho; no así en el caso del dinero crédito, cuyo valor fluctuara desligado de su naturaleza como derecho de cobro, pasando a estar regulado de acuerdo con su oferta y su demanda como dinero en sentido estricto.

Capítulo 2: el valor del dinero

I. El valor de cambio objetivo

Mises distingue entre dos clases de valor del dinero: su valor subjetivo y su valor de cambio objetivo. El valor subjetivo no es otra cosa que la utilidad del dinero, es decir, la importancia subjetiva que le atribuye un individuo al dinero como medio para la consecución de sus fines; el valor de cambio objetivo es su poder adquisitivo, esto es, <<la posibilidad de obtener una cierta cantidad de bienes económicos a cambio de una determinada cantidad de dinero>>.

El valor subjetivo de cualquier bien puede dividirse en valor de uso subjetivo y valor de cambio subjetivo: el valor de uso subjetivo es la utilidad derivada de emplear ese bien para satisfacer las necesidades finales de una persona, mientras que su valor de cambio subjetivo es igual a la utilidad anticipada de los otros bienes por los que puede intercambiarlo.

Es en ese punto donde podemos comprender por entero por qué Mises rechazaba categorizar al dinero como bien de consumo o como bien de producción: el valor de todo bien de consumo depende de su utilidad para satisfacer los fines de los agentes económicos, pero el dinero no satisface directamente ningún fin. A su vez, el valor de todo bien de producción depende de la utilidad anticipada de los bienes de consumo que en última instancia contribuye a producir, pero el dinero no contribuye a producir ningún bien, pues no es un factor productivo. Si el valor del dinero no se determina ni como en los bienes de consumo ni como en los bienes de producción, necesariamente habrá que categorizarlo como un tercer tipo de bien: a saber, medio de cambio.

No significa que el valor subjetivo de un bien adicionalmente actúe como dinero, solo se explique por su valor de cambio como dinero. El valor subjetivo del oro tendrá dos vertientes: su utilidad monetaria por su valor de cambio objetivo y su utilidad no monetaria como bien económico para satisfacer otros fines del ser humano. Aunque la utilidad monetaria del oro no aumente, si su utilidad no monetaria sí lo hace, entonces el valor subjetivo del oro se incrementará (y su precio también lo hará). Lo que sostiene Mises, en cambio, es que la utilidad como dinero de cualquier bien solo puede depender de su valor de cambio objetivo: la utilidad del oro como dinero deriva del valor de cambio objetivo del oro (el oro como dinero solo sirve para ser intercambiado por otros bienes, y por tanto su utilidad como dinero depende de la cantidad de bienes que pueda adquirir).

De ahí que, para el economista austriaco, el elemento central de estudio en la teoría del valor del dinero sea el de la determinación de su valor de cambio objetivo.

II. El teorema regresivo del dinero

¿Cómo se origina el valor de cambio objetivo del dinero? La pregunta resulta más capciosa de lo que en un comienzo podría parecer: intuitivamente, el valor de cambio objetivo del dinero debería depender, como sucede con cualquier otro bien, de su oferta y de su demanda. Pero la demanda de cualquier bien depende de su valor de uso subjetivo, y, como acabamos de ver, el valor de uso subjetivo del dinero depende de su valor de cambio objetivo.

De acuerdo con Mises, los economistas habían tratado de solventar este problema de dos formas: por un lado, con las teorías del valor del dinero basadas en el coste de producción (el valor de cambio objetivo del dinero viene determinado por lo que cuesta producirlo) y, por otro, con las teorías de la equivalencia entre el dinero y los bienes (como la totalidad de los bienes se ha de intercambiar por la totalidad del dinero, el poder adquisitivo del dinero viene determinada por esta ratio entre la cantidad del dinero disponible y la oferta de bienes existentes).

La explicación que aporta Mises a este problema ha pasado a la posteridad con el nombre de <<teorema regresivo del dinero>>: el valor de cambio objetivo del dinero en el período t depende del valor de uso / cambio subjetivo del dinero en t y este, a su vez, del valor de cambio objetivo del dinero en t-1.

Del teorema regresivo del dinero se siguen dos corolarios de notable importancia. El primero es que todo dinero, antes de utilizarse como medio generalizado de intercambio, debe haber sido un bien económico capaz de satisfacer necesidades humanas y, por tanto, un bien económico con una utilidad no monetaria previa. Mises defiende que el dinero fiat solo pudo haber emergido históricamente de dos formas: la primera, a partir del impago de sustitutos monetarios amortizables en dinero mercancía que, no obstante, siguieran usándose en el comercio como medio de cambio. La segunda, por el cese de la acuñación de monedas que originalmente circularon en función de su contenido metálico y que, al no poder ser reconvertidas en metal, adquirieron un valor independiente pero heredado de tal base previa.

Según el corolario del teorema regresivo del dinero: todo valor de cambio objetivo del dinero <<contiene un elemento históricamente continuo>>. Es decir, el valor de cambio objetivo del dinero en la actualidad se construye sobre el valor de cambio objetivo del dinero de ayer porque el valor de cambio objetivo de hoy depende del valor de cambio subjetivo de hoy que no puede existir sin el valor de cambio objetivo de ayer: la demanda y la oferta del dinero en el momento t se ven influidas por el poder adquisitivo del dinero en t-1 y, por tanto, todo individuo <<debe tener en cuenta el valor de cambio objetivo del dinero determinado en el mercado de ayer antes de que pueda formar un cálculo de la cantidad de dinero que va a necesitar hoy>>.

III. La teoría cuantitativa del dinero

Cuando un agente individual desee incrementar sus saldos de tesorería es muy probable que otro agente desee reducirlos, compensándose así la influencia de ambos efectos. Por eso, normalmente, las alteraciones del valor de cambio objetivo procederán de incrementos o disminuciones de la oferta de dinero. Sin embargo, Mises también se refiere a tres supuestos en los que la demanda de dinero puede modificarse de manera generalizada, afectando consecuentemente a su valor de cambio objetivo: el primero es cuando determinados bienes son desmonetizados, esto es, cuando pierden su demanda como dinero. El segundo, cuando los agentes optan por incrementar su demanda de dinero como respuesta a un aumento de la incertidumbre económica. Y el tercero, conforme aumenta la población y la extensión de los intercambios, elevando la demanda de dinero con motivo de transacción.

En definitiva, Mises explica las variaciones del poder adquisitivo del dinero haciendo uso de una versión refinada de la teoría cuantitativa del dinero: las alteraciones de la oferta de dinero serán generalmente los responsables de los cambios en la relación monetaria y, por tanto, de las fluctuaciones en el poder adquisitivo del dinero; ahora bien, alteraciones generales de la demanda de dinero también ejercerán su influencia, sobre la relación monetaria y, por tanto, sobre el poder adquisitivo del dinero.

Lo que en esencia está diciendo Fullarton es que, en la medida en que un incremento de la cantidad de dinero no genera per se un aumento de las oportunidades de inversión, esa mayor oferta de dinero inducirá principalmente a sus tenedores a sobrepujar por activos reales y financieros ya existentes. Y al sobrepujar por tales activos, su tasa de retorno se reducirá, lo cual llevará a muchos otros tenedores de saldos de tesorería a mantenerlos atesorados en lugar de a invertirlos a esas muy reducidas tasas de retorno. Por tanto, de acuerdo con Fullarton, oferta y demanda de dinero no son independientes: más oferta de dinero tiende a generar más demanda de dinero al provocar el colapso de los tipos de interés.

Mises, que se opone con rotundidad al argumento de Fullarton, admite no obstante que podría estar en lo cierto en caso de que existiera alguna conexión entre oferta y demanda de dinero.

Según Mises, Fullarton estaría en lo cierto si a) un aumento en la oferta de dinero (o un aumento de la demanda de dinero) redujera (incrementara) los tipos de interés y b) si una reducción (un incremento) de los tipos de interés diera lugar a un aumento de la demanda de dinero (a un aumento de la oferta de dinero).

Para el austriaco, el tipo de interés es una manifestación de una categoría presente en toda acción humana: la preferencia temporal, a saber, la preferencia universal por la satisfacción de las necesidades más próximas en el tiempo sobre las más alejadas. Esta preferencia de las necesidades presentes sobre las futuras provoca que los bienes de orden superior coticen en el mercado a un precio inferior al de los bienes de consumo, y la ratio que expresa en el mercado este descuento valorativo entre estos precios es precisamente el tipo de interés de equilibrio.

En otros textos, Mises sí que reconoce que los tipos de interés son el coste de oportunidad de demandar dinero, por lo que se hace fácil pensar que, a juicio del austriaco, el coste de un bien no influye sobre su demanda: en tal caso, menores tipos de interés sí se traducirían en demanda: en tal caso, menores tipos de interés sí se traducirían en mayor demanda de dinero. Mises creyera que esta no era demasiado apreciable.

Mises rechaza las ideas de Fullarton porque en primer lugar, no considera que exista una relación apodíctica entre los cambios en la oferta o en la demanda de dinero y las fluctuaciones de los tipos de interés y, en segundo lugar y de manera subsidiaria, porque, aun cuando existiera esa relación apodíctica, la influencia de los tipos de interés sobre la demanda de dinero sería muy débil.

Mises desarrolla una versión refinada – no mecanicista – de la teoría cuantitativa del dinero que se asienta sobre tres presupuestos: 1. La demanda de dinero es normalmente estable en términos agregados, de manera que las fluctuaciones en el valor de cambio objetivo del dinero se deben a alteraciones de la oferta de dinero; 2. Los factores que determinan la oferta y la demanda de dinero son independientes; 3. La oferta y la demanda de dinero no afectan directamente al tipo de interés de equilibrio ni este a la oferta y demanda de dinero.

IV. La teoría de la paridad del poder adquisitivo del dinero

<<Las diferentes clases de dinero se cambian según una relación que corresponde a las relaciones de cambio existentes entre cada una de ellas y los restantes bienes económicos>> o <<los tipos de cambio se determinan en función del poder adquisitivo relativo de cada clase de dinero>>.

Nuestra predisposición a pagar un determinado precio por una divisa extranjera se debe en última instancia y en esencia al hecho de que esa divisa posee poder adquisitivo sobre los bienes y servicios de ese país extranjero. Al mismo tiempo, cuando ofrecemos una determinada cantidad de nuestra divisa nacional, estamos en realidad ofreciendo poder adquisitivo contra los bienes y servicios de nuestro país. Por consiguiente, nuestra valoración de una divisa extranjera en términos de nuestra divisa depende esencialmente del poder adquisitivo de las dos divisas en sus respectivos países.

Se trata de una simple relación triangular:

  • Si en O: 1 metro de tela = 1 gramo de oro
  • Si en P: 1 kilo de trigo = 15 gramos de plata
  • Si entre O y P: 1 metro de tela = 1 kilo de trigo
  • Entonces, por necesidad, entre O y P: 1 gramo de oro = 15 gramos de plata

Si por accidente 1 gramo de oro se intercambiara por 16 gramos de plata, entonces los productores de trigo de P solo podrían comprar, con sus exportaciones de trigo a O, 15/16 gramos de oro por cada gramo de plata, de modo que a su vez solo podrían adquirir 15/16 metros de tela por cada kilo de trigo vendido a cambio de plata; es decir, el precio real de su trigo habría descendido en términos de tela. En cambio, los productores de tela saldrán ganando ya que exportando tela a P conseguirían en última instancia 16/15 kilos de trigo por cada metro de tela; esto es, el precio real de la tela habría aumentado. Si no ha hábido cambios en la utilidad marginal ni del oro, ni de la plata, ni del trigo, ni de la tela, tales relaciones de intercambio no podrán mantenerse. La menor demanda internacional de oro y la mayor demanda internacional de plata reequilibrarán su tipo de cambio.

En definitiva, dado que el propósito último de toda demanda de divisa es comprar mercancías, la alteración del poder adquisitivo de una divisa deberá modificar su tipo de cambio con respecto al resto de divisas; y así mismo toda alteración del tipo de cambio que no responda a alteraciones de su poder adquisitivo deberá revertirse a medio plazo. En caso contrario, si el poder adquisitivo de una divisa no coincide con un tipo de cambio (con su poder adquisitivo con respecto a otra divisa) habrá oportunidades de arbitraje: por ejemplo, si el tipo de cambio de una divisa se deprecia y su poder adquisitivo interno no cae, será provechoso comprar grandes cantidades de la misma para comprar los bienes nominados en esa divisa depreciada; a su vez, si el tipo de cambio no se deprecia y su poder adquisitivo interno cae, será provechoso vender grandes cantidades de esa divisa para adquirir la divisa extranjera no depreciada y con mayor poder adquisitivo. Así pues, la especulación de divisas no puede alterar sosteniblemente los tipos de cambio que se deriven de esta relación estática o natural, ya que su función solo consiste en anticipar, tanto en los mercados de divisas como en los bursátiles, los cambios previsibles en el poder adquisitivo de las divisas que las conducen hacia un nueva paridad de equilibrio.

Capítulo 3: Los efectos de los medios fiduciarios sobre el valor del dinero

I. El problema de la creciente demanda de dinero

El crecimiento generalizado de la demanda de dinero aumenta su valor de cambio objetivo. Los agentes deberán ir incrementando sus saldos de tesorería para poder adquirirlos. Este incremento en el poder adquisitivo del dinero no solo generará una reducción secular del nivel de precios, sino que incentivará a que se concentren cantidades cada vez mayores de factores productivos en la fabricación de ese dinero mercancía. Y a que se desvíen cada vez más unidades de ese dinero mercancía desde sus usos no monetarios a sus usos monetarios. El alza del poder adquisitivo del dinero tiene, efectos adversos sobre el bienestar de una sociedad, en tanto en cuanto drena recursos que alternativamente podrían haberse empleado para satisfacer las necesidades finales de los individuos.

¿Existe alguna forma de evitar esta indeseable alza del poder adquisitivo del dinero? De acuerdo con Mises, el primero sería sustituir el dinero mercancía por dinero crédito y dinero fiat, dado que la oferta de estos últimos puede incrementarse a muy bajo coste. El segundo en mediante la generalización de los pagos por compensación, que contribuyen a economizar la demanda de dinero con motivo de transacción. Y la tercera, mediante la emisión de medios fiduciarios, los cuales incrementan netamente la oferta de dinero en sentido amplio.

II. Las limitaciones de los pagos por compensación

Pagar por compensación significa cancelar una obligación mediante la extinción simultánea de otra obligación.

Los pagos por compensación también pueden extenderse cuando se permite la transferencia de créditos (endoso o pago por novación).

Los pagos por compensación, tienen el potencial de reducir muy sustancialmente la demanda de dinero pero, distan de ser una solución ópima a los problemas derivados de la creciente demanda de dinero.

Los agentes mantienen dinero entre sus saldos de tesorería porque no desean gastarlo, y mientras no se gaste, no puede haber compensación alguna. La demanda de dinero con motivo de transacción podría llegar a ser totalmente reemplazada por pagos compensatorios; en cambio, la demanda de dinero con motivo de precaución no podrá serlo.

Para solventar los problemas asociados a la creciente demanda de dinero, ni es recomendable reemplazar el dinero mercancía o por el dinero crédito o por el dinero fiat, ni tampoco podemos confiar en el funcionamiento de los sistemas de compensación. Si existe alguna solución al problema de la creciente demanda de dinero en sentido estricto, esta solo podrá proceder de la emisión de nuevos medios fiduciarios.

III. Los medios fiduciarios como bienes presentes

El valor de los medios fiduciarios deviene igual o superior al del dinero en sentido estricto al que dan derecho: si su valor fuera inferior, significaría que la confianza en la solvencia del emisor no es plena. El valor de los medios fiduciarios sí puede ser superior al del oro al que dan derecho porque el uso de dinero metálico conlleva ciertos inconvenientes (costes de almacenamiento y de aseguramiento), y dificultades para determinar el peso exacto.

Si existe algún tipo de mecanismo de mercado que subordine los incrementos de la oferta de medios fiduciarios al aumento de la demanda de dinero. Si existiera, si todo aumento de la demanda de dinero se tradujera en un incremento proporcional de la oferta de medios fiduciarios – habríamos encontrado un mecanismo perfecto para mantener constante la relación monetaria – y por tanto el poder adquisitivo del dinero. Si, no existiera ese mecanismo, el problema potencial de los medios fiduciarios no solo sería que su oferta pudiera crecer menors que la demanda, sino tambien que creciera más que ella: no solo serían incapaces de contrarestar la inflación en determinados contextos, sino que en otros podrían engendrar inflación.

John Fullarton -, defendió que la emisiónde medios fiduciarios sí tendía a ajustarse a las <<necesidades del comercio>>. Mises, se manifesta en contra de la Escuela Bancaria, por qué no existe un automatismo que conecte la oferta de medios fiduciarios con la demanda de dinero en sentido amplio.

De acuerdo con Mises, los medios fiduciarios pueden, en principio, ser emitidos o por bancos o por entidades no bancarias. Solo serán socialmente aceptados en caso de que sus emisores resulten <<conocidos y dignos de confianza>>. Solo las cumplen los bancos y banqueros pueden crear medios fiduciarios.

Los medios fiduciarios que históricamente han generado los bancos son las cuentas corriientes (o depósitos a la vista) y los billetes.

Los préstamos que se concedan con certificados monetarios serán un caso de crédito mercancía porque un agente logrará financiación porque otro renunciará a la disposición sobre bienes presentes. Los préstamos que se otorguen en medios fiduciarios serán un caso de crédito circulatorio porque un agente logrará financiación aunque otro no renuncie a la disposición de bienes presentes.

Cuando un banco pide prestado dinero a terceros emitiendo un bono en los mercados de capitales, y utiliza ese capital para extender un crédito a sus clientes, estaremos ante un caso de crédito mercancía.

Mises protesta que contablemente los medios fiduciarios de los bancos se registren como deudas de la entidad. Deberían ser tratados como una parte de su capital, han de ser considerados bienes presentes en pue de igualdad con el oro y, por tanto, el tenedor de billetes no está concediendo ningún crédito mercancía al banco, ya que para ello tendría que estar experimentando un sacrificio.

Para considerar que, todo crédito circulatorio es una forma de crédito mercancía, sería necesario considerar, a su vez, que los tenedores de medios fiduciarios están proporcionando un crédito mercancía a la entidad. Pero para que ello fuera así, los medios fiduciarios no deberían ser tratados como bienes presentes, sino como bienes futuros.

Mises cree demostrar que, no son bienes futuros (crédito mercancía) sino bienes económicos presentes. Cuando un banco recurre a la concesión de crédito mediante la creación de medios fiduciarios, el banco no paga inereses a sus presuntos acreedores.

Para Mises, la creaciónde medios fiduciarios equivale económicamente a la generación de nuevos activos para el banco sin ningún pasivo como contrapartida.

Y si los medios fiduciarios no son una deuda del banco, son bienes presentes.

IV. La creación potencialmente ilimitada de los medios fiduciarios

La Escuela Bancaria sostenía que la oferta de medios fiduciarios por parte de los bancos estaba limitada por la demanda de dinero: los ancos no eran capaces de crear más medios fiduciarios que aquellos estrictamente requeridos para atender las necesidades del comercio, si trataban de sobreemitir medios fiduciarios, estos terminarían refluyendo a la entidad. Los bancos creaban medios fiduciarios según la demanda preexistente de dinero en sentido estricto. Mises, por el contrario, considera que la demanda de medios fiduciarios no está limitada por la demanda preexistente de dinero en sentido estricto, ya que la oferta bancaria de medios fiduciarios no solo depende de la demanda de dinero en sentido estricto, sino tambien de la demanda de crédito bancario: si los agentes económicos quieren endeudarse para incrementar su inversión en bienes de capital, la banca les otorgará semejante crédito creando nuevos medios fiduciarios.

¿Y de qué depende el número de transacciones de inversión que desean efectuar los agentes económicos? De los tipos de interés: cuanto más bajos sean los tipos de interés, más querran invertir los agentes económicos y, por tanto, mayor será su demanda de dinero.

Si la banca pudiera reducir los tipos de interés de manera arbitraria, también podría manipular el gasto en inversión de los agentes económicos y, por tanto, también podría emitir cuantos medios fiduciarios desease. De acuerdo con Mises, la banca no es capaz de controlar los tipos de interés cuando otorga crédito mercancía pero, en cambio, sí es capaz de controlarlos cuando otorga crédito circulatorio: en el primer caso, los tipos de interés están determinados rígidamente por la preferencia temporal de los agentes económicos en el segundo quedan al albur de la oferta de medios fiduciarios.

Cuando los bancos conceden crédito mercancía, la demanda de este crédito entre los agentes con necesidad de financiación depende del tipo de interés, pero – a diferencia de lo que sucede con el crédito circulatorio – este tipo de interés depende de la oferta de ahorro que el banco sea capaz de recibir prestado de los agentes con capacidad de financiación, depende de la cantidad máxima de bienes presentes a la que están dispuestos a renunciar los ahorradores a cambio de recibir bienes futuros.

Que la demanda de dinero no constriña la capacidad de creación de medios fiduciarios por parte de los bancos, sino que es más bien al revés: los tipos de interés son manipulados por la banca en función de los medios fiduciarios que esta quiera crear, ajustándose la demanda de dinero a esos nuevos tipos de interés.

Si el banco controla el tipo de interés al que presta, también será capaz de controlar el volumen de las peticiones de préstamos entre sus clientes.

Una letra de cambio es una orden de pago aceptada y reconocida por el deudor: el acreedor redacta un documento (la letra de cambio) que el deudor firma y donde se enuncia que el deudor le adeuda al acreedor una determinada cantidad de dinero que será pegadera en un determinado momento y lugar. Como una factura pendiente de cobro que, al ser aceptada por el deudor, adquiere fuerza ejecutiva contra él.

Mises considera que, ante una rebaja de los tipos de interés por parte de los bancos, los agentes económicos se verían tentados a sobreemitir letras de cambio para captar financiación barata en forma de medios fiduciarios y, merced a esa sobreemisión de letras, serían a su vez capaces de adquirir factores productivos que les permitirían comenzar a fabricar las mercancías que respaldasen el valor monetario de esas letras: la demanda de medios fiduciarios por parte de los agentes económicos no es, ni siquiera en el caso del descuento de letras, una demanda de medios de cambio sino, en última instancia, de capital. Y la demanda de capital es muchísimo más amplia que la demanda de dinero en sentido estricto.

De acuerdo con Mises, los bancos no emiten medios fiduciarios como reacción al aumento de la demanda de dinero con motivo de transacción, sino que inducen a un aumento de la demanda de crédito que no habría tenido lugar sin la rebaja de los intereses artificialmente inducida por el banquero mediante la creación de medios fiduciarios.

Mises también rechaza la idea de que estos nuevos medios fiduciarios no vayan a quedarse permanentemente en circulación, pues a su juidicio los bancos pueden optar por prorrogar ilimitadamente el plazo de las letras vencidas y no pagadas.

Los bancos incluso podrían refinanciar permanentemente a aquellos deudores que fueran irremediablemente incapaces de pagar sus letras (que fueran insolventes).

Los medios fiduciarios no son un instrumento adecuado para adaptar elásticamente la oferta de dinero en sentido amplio a los cambios en la demanda de dinero en sentido estricto, puesto que nada garantiza que esa elasticidad de la oferta monetaria se asjute permanentemente a la demanda monetaria. Si los bancos crean nuevos medios fiduciarios sin que haya aumentado la demanda, el valor de cambio objetivo del dinero caerá; si, por el contrario, los bancos se niegan a crear nuevos medios fiduciarios cuando la demanda de dinero haya aumentado, el valor objetivo del dinero aumentará.

La oferta de dinero es independiente de la demanda, de modo que un cambio deliberado en la relación monetaria inducido por el lado de la oferta seguriá alterando el poder adquisitivo del dinero. La mayor demanda de dinero derivada de una reducción de los tipos de interés bancarios solo es, en el fondo, una mayor demanda de capital para adquirir los bienes presentes (y, por tanto, no se traduce en un mayor atesoramiento de esos medios de cambio, sino en un mayor gasto inversor de los mismos).

Capítulo 4: La influencia de los medios fiduciarios sobre el ciclo económico

I. El tipo de interés natural y el tipo de interés de mercado

Mises distingue entre dos tipos de interés: el tipo de interés de equilibrio (o tipo de interés originario) y el tipo de interés bruto de mercado. El primero es el determinado por la preferencia temporal de los agentes económicos; el segundo es el tipo de interés existente en el mercado y al cual los agentes económicos pueden financiarse.

Nota: Mises define el tipo de interés natural como aquél que se establecería por la oferta y la demanda si el capital real se prestara in natura, sin mediación del dinero.

El tipo de interés de equilibrio es independiente de la oferta de dinero. No así el tipo de interés de mercado, que puede verse transitoriamente afectado de dos formas por la oferta de dinero en sentido amplio.

La primera de estas formas, dado que los cambios de la oferta monetaria provocan alteraciones en el poder adquisitivo del dinero, en tanto en cuanto los agentes con capacidad y con necesidad de financiación anticipen esas alteraciones en su poder adquisitivo, tenderán a añadir una prima de inflación o de deflación al tipo de interés de equilibrio para mantener el poder adquisitivo del dinero prestado.

La segunda de las formas es mediante la creación de nuevos medios fiduciarios. Reducen el tipo de interés de mercado debido al aumento de la oferta de fondos prestables. Por tanto, el tipo de interés de equilibrio y el tipo de interés bruto de mercado pueden divergir gracias a esta expansión del crédito bancario de carácter circulatorio.

Para Mises, el tipo de interés de equilibrio depende de la preferencia temporal de los agentes económicos y cumple una función de determinar <<qué porción de los bienes existentes debe consumirse en el futuro inmediato y cuál debe ser destinada a la producción para períodos más remotos>>. El tipo de interés como un coordinador entre ahorradores e inversores.

II. Distorsión de la estructura productiva

La rebaja del tipo de interés bruto de mercado por debajo del tipo de interés de equilibrio mediante la emisión de medios fiduciarios bancarios constituye un shock descoordinador dentro de la economía.

Cuando un tipo de interés bruto de mercado coincide con el tipo de interés de equilibrio, las disponibilidades de bienes de capital por parte de los ahorradores están correctamente señalizadas a los inversores, el proceso de inversión de bienes de capital puede proesguir sin distorsiones. Sin embargo, cuando el tipo de interés de mercado es rebajado mediante la emisión de medios fiduciarios, se está proporcionando a los empresarios la falsa información de que la disponibilidad de bienes de capital es mayor de la que realmente es.

Si los empresarios toman sus decisiones de inversión sobre la base de una abundancia de capital superior a la real, entonces comenterán errores de mala inversión: <<iniciarián proyectos de inversión a una escala para la que no habrá suficientes bienes de capital. Los proyectos serán irrealizables por la insuficiencia de bienes de capital. Tarde o temprano fracasarán>>.

La crisis económica, por tanto, es un momento de empobrecimiento generalizado en el que tienen que reconstruirse los patrones de producción que comptabilizan los planes de ahorradores e inversores y que habían sido distorsionados debido a la reducción de tipo de interés bruto de mercado por debajo del tipo de interés de equilibrio a traves de la emisión bancaria de los medios fiduciarios.

Capítulo 5: Implicaciones sobre la política bancaria

I. La política bancaria de los intermediarios de crédito

Los bancos cumplen para Mises dos funciones: intermediarios de crédito y emisores de medios fiduciarios.

Mises sostiene que las entidades financieras deberían respetar una correspondencia cuantitativa y cualitativa entre el crédito que recibe el banco y el crédito que entrega: la fecha en la que venzan las obligaciones de los bancos no ha de anteceder la fecha en la que sus derechos de cobro puedan ser realizados.

El plazo y el nivel de riesgo de sus pasivos debe estar equilibrado con el plazo y el nivel de riesgo de sus activos. Para la banca como intermediaria de crédito, Mises recomienda una estricta correspondencia entre el crédito mercancía obtenido por el banco y el crédito mercancía concedido por el banco.

II. La política bancaria de los emisores de medios fiduciarios

Mises considera no emitir más medios fiduciarios de los que necesitan sus clientes para realizar sus transacciones mutuas. De este modo, los medios fiduciarios de un mismo banco se compensarán entre sí, y, la entidad financiera no se verá expuesta al riesgo de tener que reembolsar en oro unos pasivos a la vista que, por definición, no están cubiertos con suficientes reservas metálicas.

Mises desconfía de que los banqueros, por su mera buena voluntad, vayan a ajustarse a estas directrices; a su juicio, la mejor forma de forzar a que los banqueros se comporten diligentemente es colocándolos dentro de un marco institucional caracterizado por la banca libre y competitiva.

Mises no solo defendía la libertad y la competencia bancaria como mejor mecanismo para limitar las sobreemisiones de medios fiduciarios. También consideraba que el mejor patrón monetario para que esa limitación fuera efectiva era el dinero mercancía y, más en concreto, el patrón oro.

Mises desconfiaba tanto de los medios fiduciarios, debido a su influencia sobre el poder adquisitivo del dinero y su tendencia a generar ciclos económicos, que parecía mostrarse favorable a prohibir por entero la emisión bancaria de medios fiduciarios.